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¿Qué hacemos en un país que en 10 años más, el 90% vivirá en ciudades?

Carlos Hugo Molina acaba de lanzar su último libro “Un cafetal del tamaño de Bolivia”, en el que hace énfasis en la producción de café como un ejemplo para frenar la migración

Fuente: Danitza Pamela Montaño T.

01/10/2022

“Un cafetal del tamaño de Bolivia”, es el nombre que lleva el libro escrito por Carlos Hugo Molina Saucedo, director del Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (CEPAD). En sus palabras se trata de una “provocación para construir buenas noticias, encontrar los instrumentos para confiar maduramente entre nosotros, volver a creer en el futuro y poner los pies sobre la tierra, para soñar correctamente”.


El libro es el resultado de la investigación sobre los procesos migratorios y cómo lograr que la población pueda quedarse en su región o comunidad, sin tener que migrar, y más bien pueda producir elementos que tengan mercados, que sean rentables, pero que además, generen un excedente simbólico.


En este camino de exploración científica Molina encontró en el café una fortaleza y ejemplo para revalorizar la tierra, impulsar la producción y frenar la migración. Así basado en todo lo bueno de este rubro el autor plantea la consigna de sembrar un cafetal del tamaño de Bolivia.


Y aunque en palabras del autor “parezca sencilla, la propuesta de sembrar café, o cualquier otro producto de la tierra que necesite esfuerzo colectivo, cohesión social y competitividad, esto nos puede ayudar a encontrar respuestas útiles a nuestros dilemas”, que actualmente se traducen en escasez de servicios básicos y ausencia de oferta laboral, entre muchos otros.


Esto último para Molina genera una presión migratoria que expulsa a los jóvenes de sus regiones, pero, ¿Qué significa esto y qué otros elementos conlleva este proceso?, ¿Estarán las ciudades receptoras preparadas para recibir a los migrantes? “No es una simple suma matemática” enfatiza Molina y en entrevista exclusiva se dispone a explicarnos el tema a fondo.


Carlos Hugo Molina es abogado con especialidad en Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de México. Ha sido Secretario Nacional de Participación Popular y Prefecto del Departamento de Santa Cruz. Ha ocupado funciones en los Ministerios de Defensa Nacional, Relaciones Exteriores, Desarrollo Humano, Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente y la Embajada de Bolivia en Costa Rica. Es ex Rector de la Universidad Nacional Ecológica de Bolivia. Tiene 22 libros publicados en materias jurídicas, sociales y literarias. Sumado a ello es fundador del Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (CEPAD), entre otros.



¿Por favor puede hablarnos un poco de usted y de sus inicios en la investigación?

Carlos Hugo Molina (CM). A mí me tocó hace 28 años liderar el equipo que trabajó en la propuesta, diseño y aplicación de la Ley de Participación Popular, aprobada el 20 de abril del año 1994. Eso era la suma de aportes académicos, me tocó hacer un posgrado en la UNAM en México en temas de derecho constitucional. En temas prácticos yo fui director de Extensión Universitaria en la universidad Gabriel René Moreno y entonces habíamos establecido una relación de trabajo con la CIDOB (Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano) que estaba dando sus primeros pasos en temas institucionales y en la propuesta de desarrollo territorial y de territorios.


Junto con Mercedes Nostas nos tocó realizar una primera propuesta de autonomía indígena sobre la base de los municipios. Todo eso se conjugó en la propuesta que se hizo efectiva con una publicación. El año 90 publiqué un librito que se llama “La descentralización imposible y la alternativa municipal”. 


Éste sirvió de base para las propuestas que vinieron después. Luego del proceso de intervención de la gestión pública creamos con el equipo que estuvo en participación, una organización no gubernamental: el CEPAD; ésta nos permitía trabajar en todos los temas que estábamos desarrollando en nuestra investigación desde el punto de vista público, y a partir de ahí desarrollarlos desde la sociedad civil.


Trabajamos en Bolivia, ampliamos nuestro radio de acción a América Latina, luego a España, consolidando propuestas vinculadas a mancomunidades de municipios, a desarrollo económico local, gestión del territorio, de recursos naturales, y en ese camino luego de que se aprueba y se conocen los resultados del Censo de 2012 incorporamos un nuevo elemento de estudio concentrado en: ¿Cómo estaba distribuida la población en el territorio de Bolivia y su proyección en el tiempo?


De ahí apareció de manera natural una nueva línea que es la que estoy trabajando desde hace ocho años, es el tema de ciudades intermedias y como consecuencia de esto, el intento de encontrar una razón para que la gente no se salga del territorio, que se quede. Nos concentramos en buscar elementos de cohesión social como el turismo, y de plantear procesos productivos sostenibles con generación de excedentes simbólicos y ahí apareció el café. Ésta es la historia en el tiempo de esta propuesta.


¿Por qué el café?, ¿Cómo su investigación le lleva a identificar este rubro como una posible solución?

CM. Realizando proyecciones a partir del Censo de 1950, se estableció que la población boliviana era un 74 por ciento rural y 26 por ciento urbana. El Censo de 2012 dio el primer dato y estableció que la población era 68 por ciento urbana y 32 por ciento rural, pero el ajuste en realidad era 75 por ciento urbana. Tuvimos serias dificultades con el INE respecto a sus formas de realizar las mediciones, pero el daño nos lo hemos hecho todos porque no hemos tenido el dato preciso; ahora recién el INE está asumiendo que la población urbana está alrededor del 70 por ciento.


Lo concreto es que trabajamos con proyección tomando en consideración el Censo del 92, del 2001 y del 2012, hicimos el traslado al año 32 y nos preguntamos ¿Cómo va a ser Bolivia siguiendo estos patrones de comportamiento?, fueron datos que proyectamos antes de la pandemia, los datos señalaban que el año 32 Bolivia tendría 15 millones de habitantes, de esos el 90 por ciento vivirá en ciudades y solo el 10 por ciento en el área rural.


Aquí aparecía el primer tema complicado y se planteaba como un reto. El dato provocador reflejaba que Bolivia en el año 32 tendría un millón de kilómetros cuadrados técnicamente sin gente, ése era el primer elemento de análisis y surgía la pregunta ¿Qué vamos a hacer con un millón de kilómetros cuadrados, que no quiere decir sin aprovechamiento de la tierra?


Uruguay tiene el 95 por ciento de su población viviendo en ciudades; en el área rural son tres millones y medio, y producen comida para diez millones. Lo que se nos viene a la mente es que tienen grandes extensiones de granos, de semillas y de ganado; la respuesta es no, pues los dos procesos económicos productivos más importantes de Uruguay son dos sistemas agregados de pequeñas unidades productivas que se suman. Uno es una cooperativa de lácteos de leche y otro una cooperativa de miel, y así Uruguay es el mayor exportador de miel a la Unión Europea (UE).


Esa enseñanza uruguaya de pequeñas unidades de concentración desde ciudades ocupando el espacio nos daba el primer dato a ser estudiado; el segundo dato a ser estudiado estaba concentrado en ¿Cómo hacer para que esta categoría urbana no nos aflija tanto como nos está empezando a afligir?, porque la tendencia de vivir en ciudades es un fenómeno mundial; es producto casi natural de la Revolución Industrial, de la concentración de industria y servicio, y de la relación costo beneficio en economía de escala.


Es más fácil brindar mejores servicios a concentraciones humanas que a las que están dispersas en territorio, ése fue uno de los elementos que marcó la Revolución Industrial y en la proyección llegábamos a plantear que el cono urbano de la ciudad de Santa Cruz va a tener cinco millones y medio, nos asustamos frente a ese volumen, pero si uno dice San Pablo tiene 14 y ciudad de México 24 algo es posible hacer para aprovechar esas experiencias y resolver nuestros problemas.


Para cada una de las dificultades hay soluciones, pero no ajustadas a la medida boliviana. Así también buscamos la parcela testigo más negativa desde el punto de vista población- territorio, y salió Chuquisaca. Pues tiene un crecimiento intercensal 2001 y 2012 de solo 0.66. El crecimiento intercensal de Bolivia según el primer dato que dio el INE fue de 1.7 y luego lo subió a 2. ¿Pero qué quiere decir esto? Que de 10 provincias de Chuquisaca 7 tienen crecimiento menor a 0,66; menos de la media departamental.


En palabras sencillas, el que se muere o se va de Chuquisaca ya no tiene reposición y esto es una tendencia porque si uno lo analiza en términos del Censo del 92, del 2001 y del 2012 y lo compara ahora, es muy fácil porque los datos están. La pandemia ha acelerado los procesos migratorios en América Latina en general y en Bolivia en particular, y los ha acelerado porque a diferencia del primer mundo en el que la gente tiene todos los servicios en áreas rurales, en América latina y Bolivia ocurre a la inversa, la pandemia ha dejado en evidencia que no tenemos salud para cubrir el territorio.


El segundo es la educación, hemos perdido dos años de educación real porque donde no llegaba satélite, donde no había conectividad, donde no había capacidad de los maestros de manejar las nuevas tecnologías no había posibilidades de educación.

Y el más grave que combina todas estas variables es la oportunidad del trabajo. En este sentido hemos cruzado dos investigaciones simultáneas que se han dado. Una interna en el año 2016, en la que comenzamos a trabajar una investigación en Bolivia de ciudades intermedias; son 74 en total los municipios-ciudades que tienen una población entre 20 y 100 mil habitantes. Hemos excluido los municipios que están en el área metropolitana porque asumimos que los servicios que tienen los brindan de manera natural y nos quedan 51. De las ciudades y municipios que están entre 20 y 100 mil habitantes, hemos estudiado 25. Un universo que representa el 50%, lo que nos permite incorporar a cualquier municipio del país asimilado a alguno de ellos.


El trabajo se desarrolló con dos particularidades, pues hemos incorporado a Tarija que tiene una población mayor a 100 mil desde el punto territorial; ya que si no se considera a la ciudad de Tarija queda un vacío que no lo cubre nadie, y lo mismo nos ha pasado con Cobija.


Eso nos llevó a tener un patrón de análisis y comportamiento vinculado a siete temas, entre ellos: Sostenibilidad ambiental, gestión de servicio, gestión de salud, gestión de educación, conectividad, turismo, jóvenes, temas ambientales. Los siete temas los hemos analizado en esos 25 municipios y ya tenemos fórmulas que nos permiten resolver la comprensión del territorio de manera sencilla. Aterrizamos en 130 variables traducidas en preguntas cerradas de sí o no, que van desde la sencillez a la complejidad.


La gente que vive en un sitio tiene mayor presión migratoria cuando de las 130 necesidades básicas con las que se desarrolla de manera cotidiana, la mayoría no las tiene. Eso quiere decir que tiene que salir a buscarlas. Los que vivimos en las ciudades a diez cuadras a la redonda o a 15 minutos caminando tenemos escuela, centro médico, mercado (…) en áreas rurales eso está a kilómetros.


Todos esos elementos de presión migratoria concluyen en una ausencia de oferta laboral, y eso es problema del Estado no de los partidos ni del Gobierno, ni de las autoridades y si no se toma enserio es una crónica de muerte anunciada.

Hemos creado un modelo que para validarlo lo hemos integrado a otro, de acción, de naturaleza internacional. Desde el año 2016 me toca coordinar un grupo de tareas de 8 organismos internacionales, estamos organizando encuentros sobre ciudades intermedias, hemos tenido 11 encuentros que han reunido a 130 académicos de 18 países. El 24, 25 y 26 de agosto lo vamos a tener en México. El objetivo es verificar si estos hallazgos y dificultades bolivianas coinciden con lo que está pasando en América Latina y sí, son problemas comunes.


Éste es el respaldo para llegar a este tema, entonces ¿Cuál es el escenario boliviano?; despoblamiento rural, además el Estado no acepta ni reconoce el crecimiento urbano, no lo ha incorporado en el discurso. Hay una dificultad ideológica que está comenzado a cobrar factura porque el estado boliviano ha asumido legítimamente desde el punto de vista político: lo originario, lo indígena y lo campesino.


¿Qué hacemos en un país que en diez años más, el 90 por ciento va a vivir en ciudades?, el primer dato es que el campesino que deja el campo ya no es campesino, no se lleva el factor tierra bajo el brazo a producir en la ciudad, el indígena y originario lo sigue siendo desde el punto de vista antropológico y sociológico, pero en las ciudades no tiene el modo de subsistencia que hay en el campo, ¿Cómo se hace para competir con una realidad totalmente distinta, que es excluyente? Es ahí donde se forman los cinturones de pobreza y la discriminación.


La gente que viene del campo lo único que tiene para negociar es su fuerza de trabajo, entonces mientras el estado boliviano no reconozca este fenómeno que es mundial de las ciudades y la exigencia que tiene la ciudad, no vamos a poder aplicar políticas publicas ni en lo rural, ni en lo urbano, porque ni las ciudades están preparadas. Éste es un estudio paralelo que estamos haciendo.

Hemos identificado los 25 municipios receptores de población que están dados no por políticas públicas si no por tendencia natural, por ejemplo la gente se va al Chapare a Santa Cruz o a cualquier otro lado porque supone que hay economía, y hemos contrastado si esos lugares tienen esa capacidad de dar servicios a los que viven ahí y a los que están llegando, la respuesta es no; porque no solo es el crecimiento vegetativo del 1.7 de los que viven ahí, es el crecimiento que se aumenta con el migrante y es la combinación de ambas variables porque el que llega tiene derechos y necesidades, no es solo la suma matemática de la migración.


De esta manera, concluimos con una línea base de tres realidades:

Bolivia tiene un bono demográfico todavía muy importante, el 60 por ciento de la población es menor de 30 años, esto plantea una potencialidad excepcional y un reto de la misma naturaleza, porque un joven que no tenga oportunidades de trabajo tiene que hacer algo para sobrevivir.


Segundo no hay conciencia ambiental y ésa es una afirmación sobre la base de un dato fáctico. De los 339 gobiernos locales que hay en Bolivia ninguno tiene resuelto el tema de basura, de residuos y de agua. Ninguno trabaja la responsabilidad ambiental de separación de residuos. Eso quiere decir que le estamos cargando a la naturaleza el costo y peso de los desechos de la basura y eso tiene una serie de consecuencias elementales cuando el volumen es mayor.


Tercero, tenemos un millón de kilómetros cuadrados que van a estar sin gente. ¿Qué hacemos con eso? Toda esta explicación es para fundamentar la propuesta del café como una alternativa.


EP. ¿Entonces usted cree que el rubro del café podría resolver la migración campo-ciudad en Bolivia?, ¿En qué medida?

CM. Puede resolver con el concepto, con la categoría. Puesto que no en todos los lugares se puede producir café de la manera posible. La lección es enfocarse en todo el proceso productivo con relación a la tierra, es decir que tenga una secuencia de siembra, de cuidados, de sostenibilidad, de cosecha, de procesamiento e incremento de valor y mercado. El café lo cumple de manera extraordinaria porque es un producto que tiene una vara en términos de calidad dada por la competitividad mundial. Yo no voy a tomar café porque es boliviano si no porque es bueno. Y el café boliviano no es bueno, es buenísimo.


Si yo utilizo el café boliviano como modelo de producción y donde no pueda café será almendra, miel o chía (…) lo importante es devolver la fortaleza a la tierra para que cumpla su labor de sostenibilidad, de generación de excedente económico y de generación de excedente simbólico.


Y lo hemos comparado con Colombia, primero el área territorial colombiana de producción es similar al área potencial productiva de Bolivia en materia de café, tenemos la misma en número, pero ¿Cuál es la diferencia? Bolivia exporta 9 millones y medio de dólares y Colombia 2.600 millones de dólares teniendo la misma potencialidad.


Segundo Colombia tiene un sistema de organización de 570 mil productores que con un promedio de hectárea y media exportan esa cantidad, Bolivia no tiene ese modo de producción, porque es aislado, es confrontado debido a que hay un elemento que lo pervierte en el lugar de mayor importancia que es Yungas, se trata de la coca, y con la coca, el opio y la marihuana no hay manera de competir formalmente, legalmente.


Este elemento tiene que ser planteado a partir de políticas públicas que permitan desarrollar propuestas, que permitan competir hasta donde sea posible para ganar mercado y mejorar las condiciones, porque al unir todo ese tema al turismo, se encuentra el valor fundamental.


Hemos hecho números. En este momento, ahorita, sin invertir un solo peso más, si Bolivia convirtiera en política de estado el turismo y le diera cobertura y apoyo, con solo el 60 por ciento de la capacidad instalada nos ingresarían 3.500 millones de dólares en todo el país.


Cada sitio tiene algo que explotar o que ofrecer porque ésa es una de las potencialidades que puede llegar a tener este país en ese millón de kilómetros cuadrados. Y cuando uno va haciendo la suma de posibilidades para tragedia o alegría de los tarijeños todo se alinea en Tarija, ustedes tienen todo lo que el país quisiera como potencialidad. Incluido el tarijeño y la tarijeña.


¿Qué opina de la Bolivia actual?, ¿Hay cohesión? hay quienes dicen que en su libro unifica la visión de país sobre las diferencias…

CM. Hay que buscar modelos ajustables a la realidad. La diferencia tiene otra naturaleza, la clave está en convertir en valor una diferencia como lo han hecho los canadienses. En Canadá, se lo escuché decir a un académico hace muchos años: “No hablamos de crisol, de culturas, de razas porque lo que hace el crisol es fundir en calor, meter un componente y sacar otro, hablamos de policromía y vitral, mientras más colores tiene, es más hermoso”.


Lo único que hay que tratar de cuidar es que sea armónico, yo tengo un país donde nos han enseñado casi a la fuerza que debíamos ser uno solo, pero no lo es porque aquí entra en debate también el tema autonómico.


¿La autonomía me ha resuelto el problema departamental de la salud sí o no?, y la educación, trabajo, desarrollo… porque el tema está planteado de manera muy simple. La segunda ciudad más importante de cada departamento después de su capital está en Santa Cruz en términos de población, son los migrantes tarijeños, orureños, potosinos que están allá.


¿Ustedes saben cuál es la oferta de lotes que hay en Santa Cruz legales en este momento que se ofrecen en La Paz, Cochabamba, Oruro? dos millones y no es gente que se va ir si se compra un lote, no se va ir mañana, pero está gestionando un futuro porque está haciendo una inversión, cree en el tema del excedente. Donde hay excedente, haciendo una metáfora, vemos una luz, por ejemplo en Santa Cruz, en El Alto, Chapare (…).


Si las luces de cada lugar dejan de ser islas y no se vuelven archipiélagos relacionados lo demás va a quedar oscuro porque el migrante busca aquello, lo que naturalmente le va llevar a vivir mejor y el primero que sale es el joven.


Ése elemento de país tenemos que empezar a discutirlo a fondo porque ya no tenemos más margen. El mundo ya no nos va a hacer más favores, ya pasaron los tiempos de perdones de deuda. Si no hay un ejercicio pleno de la autonomía en Oruro, Chuquisaca y Potosí, se van a tener que ir a discutir el futuro de su departamento en Santa Cruz porque allá vive la gente, ésa es la importancia de Tarija y la verificación del censo lo va a dejar comprobar.


¿Qué pasa con Tarija?, ¿Según su investigación, qué tiene Tarija a diferencia del resto del país?

CM. Tarija es el único departamento de Bolivia cuya población está estabilizada territorialmente donde vive, solamente Padcaya entre el 2001 y 2012 perdió 500 habitantes, es un caso único. En la provincias se mantuvo o subió poquito, a diferencia de toda la zona de los valles en Santa Cruz que es expulsora.


Pero existen otros grandes retos como los fraccionamientos de terreno, para mí es incomprensible como es que no existe un camino desde la capital que integre al Chaco de manera directa, si Tarija tiene todo lo que me ofrece Salta y más cerca, cercanía a la que no puedo acceder porque para venir por tierra debo ir a territorio argentino, darme una vuelta y volver. 


Esa reconfiguración es un debate que tiene que ver con compresión del territorio, con comprensión de las dinámicas poblacionales en el territorio y los procesos de desarrollo económico existentes. Por ello este planteamiento es una variable, es una provocación, decir ojalá podamos convertir este país en un cafetal.


Tarija sigue siendo el centro excepcional y extraordinario de investigación y propuesta en favor del país. Tarija como departamento está más cerca que La Paz, Cochabamba y Santa Cruz por volumen y la ciudad está más cerca que las otras capitales. El modelo de desarrollo tarijeño pudiera servirle a Cobija, Trinidad, Oruro y Potosí por el volumen.


¿Cuánto tiempo le tomó escribir “Un cafetal del tamaño de Bolivia”?

El primer artículo salió el 20 de julio de 2021, ésta es la suma de todo el tema de participación popular, de descentralización y municipalización que permite hacer el agregado, esto me ha llevado así físicamente un año entero dedicado a esto.


¿Dónde podemos encontrar el libro?

CM. En principio en Nativa que es el socio con el que estamos haciendo la actividad acá. Pero si alguien más lo quiere estamos abiertos, ahí le dejamos.




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