
05/08/2026

La reciente decisión del Gobierno de eliminar el Ministerio de Turismo Sostenible, Culturas, Folklore y Gastronomía para reemplazarlo por una Agencia Nacional de Turismo genera una profunda preocupación entre quienes trabajamos y creemos en el turismo como motor de desarrollo.
Hace pocos meses, la creación de un ministerio propio fue recibida con esperanza por empresarios, operadores, hoteles, agencias de viajes, guías y profesionales del sector. Por primera vez se interpretó como una señal de que el turismo ocuparía el lugar estratégico que merece dentro de las políticas públicas. Sin embargo, esa expectativa se desvanece con una decisión que parece enviar el mensaje contrario: que el turismo vuelve a perder jerarquía institucional.
Más allá del cambio de estructura, el verdadero problema es la ausencia de una política de Estado para el turismo. El desarrollo turístico no se construye con acciones aisladas ni con campañas improvisadas; requiere planificación, continuidad, inversión y liderazgo técnico.
Hoy observamos con preocupación situaciones que afectan directamente la imagen del país. Resulta difícil promover internacionalmente destinos como el Salar de Uyuni, uno de los mayores atractivos turísticos de Bolivia, cuando los operadores turísticos deben enfrentar problemas logísticos tan elementales como largas filas para abastecer de combustible a los vehículos que realizan los recorridos. Estas situaciones deterioran la experiencia del turista y afectan la competitividad del destino.
A ello se suma una realidad que se repite en distintos niveles del Estado: cargos relacionados con turismo son ocupados, en muchos casos, por personas cuya formación y experiencia no guardan relación con el sector. Más allá de cualquier afinidad política, quienes asuman estas responsabilidades deberían rodearse de equipos técnicos idóneos y profesionales especializados, capaces de orientar la planificación y el desarrollo turístico con criterios científicos, estratégicos y sostenibles. El turismo no puede depender de la improvisación; necesita conocimiento, experiencia y continuidad.
Como docente y formador de las nuevas generaciones de profesionales del turismo, resulta preocupante el mensaje que transmitimos cuando se minimiza el valor de esta profesión. Nadie imaginaría dirigir un hospital sin médicos, diseñar un puente sin ingenieros civiles o proyectar una ciudad sin arquitectos. Del mismo modo, el turismo debe ser conducido por profesionales preparados para comprender la complejidad de una actividad que genera empleo, dinamiza economías, protege el patrimonio y representa la imagen del país ante el mundo. Si queremos que nuestros estudiantes crean en el futuro de esta profesión, el Estado debe ser el primero en demostrar que el conocimiento, la formación académica y la capacidad técnica son los principales requisitos para liderarla.
Durante años se ha hablado del desarrollo sostenible como el equilibrio entre lo económico, lo social y lo ambiental. Sin embargo, existe un cuarto pilar indispensable que muchas veces se olvida: la voluntad política. Sin ella, las estrategias quedan en documentos, los planes no se ejecutan y las oportunidades se pierden.
España, Costa Rica, México y Perú han demostrado que el turismo puede convertirse en uno de los principales motores de la economía cuando existen instituciones sólidas, políticas públicas estables y equipos técnicos especializados. Bolivia posee un patrimonio natural y cultural extraordinario, pero continúa desaprovechando gran parte de su potencial.
Desde el sector privado no buscamos confrontación. Buscamos ser parte de la solución. Existen profesionales, empresarios, académicos y organizaciones dispuestos a aportar conocimiento y experiencia para construir una visión de largo plazo. El turismo necesita espacios donde prevalezcan los méritos técnicos por encima de las afinidades políticas y donde el diálogo entre el Estado, la academia y el sector empresarial permita construir políticas públicas con continuidad.
Bolivia no necesita menos turismo; necesita mejores decisiones. Necesita instituciones sólidas, planificación técnica y la decisión política de confiar en quienes se han preparado para construir su desarrollo. Porque cuando el conocimiento es reemplazado por la improvisación, no solo pierde el turismo: pierde Bolivia.
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